Aquella fiesta de ganaderos

José Santos y Venancia Ibáñez, de 92 años, recuerdan las fiestas de entonces
JOSE CARLOS DIEZ / VELILLA
José Santos Santos, de 92 años de edad y Venancia Ibáñez Santos, con los casi 93 años que va a cumplir en septiembre han conocido la evolución completa de las fiestas de San Juan en Velilla, desde que fue una fiesta para ganaderos hasta lo que se ha convertido hoy en día, una fiesta turística y en la que la música y el entretenimiento protagonizan el disfrute de los vecinos y visitantes.
Hoy en día el entorno de la Reana está rodeado por el hotel, la piscina, decenas de viviendas y casas, instalaciones deportivas y el colegio pero, décadas atrás, era todo una extensa pradera, propiedad de una vecina. Al morir esta vecina legó sus terrenos al Ayuntamiento, con la condición de que se realizase el mantenimiento de la ermita de San Juan y de que lo que produjese se repartiera entre los vecinos.
“Éramos cien ganaderos y se hacían cien montones de paja, se cortaba a mano con el dalle, se amontonaba y a cada vecino le correspondía un montón de paja para los animales”, cuenta José, recordando aquellos San Juan que, si bien eran fiesta, se vivían de una manera muy distinta: trabajando. “Ese día todos íbamos a por agua a la Reana, que ese agua nunca ha hecho daño a nadie. Además, en las casas ese día, sólo se bebía agua de la Reana”, asegura.
También recuerda Venancia que se notaba que era fiesta, además de por ver a todos recogiendo la hierba, porque había misa en la ermita. “La ermita es pequeña, pero si no entrabas, se quedaba uno fuera y escuchaba la misa por las ventanas, que se escuchaba también”, explica mientras sonríe recordando.
“Había un señor que guardaba las ovejas por aquí, que se llamaba Juan Heras y como se llamaba Juan, por su santo, aunque poco se podía entonces, no nos faltaban las galletas y el orujo a todas las niñas del pueblo”, asegura Venancia, que le reconoce haber empezado con la tradición de celebrar algo más en San Juan.
Además, ambos recuerdan que poco a poco la fiesta iba calando en los caliegos -como se conoce a los velillenses-, sobre todo en la hija del secretario del Ayuntamiento, que comenzó con la tradición de bañarse en la Reana.
“Nadie se bañaba, pero lo que sí hacíamos antes de salir el sol, era venir todas las mozas a lavarnos los ojos con agua de la Reana”, explica Venancia. Nunca faltaba el agua, pero hay que recordar que “tiene un misterio, la Reana se seca y mana cuando le da la gana”, dice riendo en relación al desconocido origen de las aguas de las Fuentes Tamáricas.
Poco a poco la fiesta fue evolucionando e incluyendo actividades hasta llegar a lo que es hoy, después de que desde el Ayuntamiento se apostase por hacer un festejo que incluyese orquestas, hoguera y un concierto de música acorde a la festividad y al entorno, casi siempre folk o celta.
“La fiesta irá cambiando y se disfrutará de otra manera, pero lo importante es disfrutarla”, coinciden ambos vecinos, que no dudarán en tomar buena cuenta de las novedades de este año.